miércoles, 17 de noviembre de 2021

S A C A R

 

Hace unos meses dejé fluir el recuerdo que hace mucho tiempo me venía dando vueltas en mi cabeza y que venía tapando con laburo, con estudio y militancias varias. Sumándome cada vez más responsabilidades para poder dejarlo ahí, tapadito.


La primera vez creo que se lo conté a Marce, en Dellepiane, a la vuelta de ir a entrevistarnos por la causa de Tehuel. Recuerdo que en ese momento no me pasó nada, entonces me dije “uy bueno, estoy joya”. Pero a raíz de ese primer momento, de esa primera vez que lo verbalicé pude entender que no estaba joya, que cuando decidí dejarlo fluir todo lo que me implicaba pensar detenidamente antes de hacer como estudiar o escribir, había dejado de funcionar en mi. Menos laburar, el resto estaba así.


De repente estaba evitando momentos de soledad conmigo misma, esos de lecturas o de escrituras en los que te ves internamente y dejás que asomen todos los sentimientos que en compañía de tu soledad pueden aflorar. Momentos como este, en el que inevitablemente al tipear cada letra los ojos se me llenan de lágrimas que me hacen replantearme y reafirmarme esta suerte de expresión.

Empecé a sentir las exigencias como un pesar, las demandas de cumplir con plazos, de contener a otres, como algo que ya no podía hacer como antes, aunque quisiera.


Algo había pasado con eso cuando se lo conté a Marce, aunque yo quisiera creer que no. En ese momento me había apropiado de esa experiencia que odiaba, y si era mía podía empezar a decidir qué hacer con ello.


Entonces lo empecé a contar.

Se lo conté a Vale y lloré muchísimo. Casi como estoy llorando ahora.

Se los conté a Iván y Aye. Y lo pude contar para explicar por qué había cosas que no estaba en condiciones de hacer en ese momento, aquéllas que implicaban sentarse y pensar, leer y repensar, producir.


Se los conté a mis amigas por Whats app, pero nunca pude hablarlo con ellas. De hecho no es un tema del que quiera hablar, creo que no puedo hablar ahora.

Es díficil contar estas cosas porque generalmente la gente no sabe qué decir o hacer, pero sinceramente no espero ni pretendo mucho, solo poder liberarme para sacármelo de encima. Sacármelo de encima como quise sacármelo esa noche y no pude.


Todo el tiempo me replanteo si esto que estoy haciendo está bien, si es lo correcto, si da o no da. Pero no quiero pensar más en eso, solamente quiero sacármelo de encima. Afuera de mí.


Fue un año muy difícil, con sus cosas hermosas, todo esto estuvo dándome vueltas en la cabeza mucho tiempo. Que bueno fue contar con las palabras de Nori. Empecé a trabajar con eso, escribí un tuit en un momento, me sentí un poco boluda porque en realidad sentía que me estaba exponiendo, pero no lo borré.


Hace poquito estaba en Zárate, en campaña y un compañero del partido al que quiero mucho, o ex y futuro compañero, me lo nombra. Se me borró la sonrisa que tenía de oreja a oreja por unos segundos, que bronca me dio.

Pero lo qué más me embroncó de todo eso es que la estaba pasando tan pero tan bien que no me explicaba por qué lo tuvo que nombrar.

Y ahí vinieron a mi cabeza las palabras que Nori me dijo por Whats app cuando le pedí disculpas por no poder ayudarla para el informe al que me había comprometido porque no me daba la cabeza para eso, sus palabras amorosas, las mismas que seguro me hubiese dicho mi vieja si me hubiese animado a contarle.

Y pude seguir, pude seguir divirtiéndome y bailando y ahí me di cuenta que me estoy apropiando de esta experiencia, con todo el dolor inexplicable que conlleva, y que algún día voy a poder sacármela de encima.

Sinceramente, no creo ni que él haya registrado lo que hizo ni el daño que me generó. No lo voy a exponer porque no me interesa. Sólo quiero sacármelo de encima.


Gracias por leer.