Como mucho de ustedes, me hice eco
de los mensajes que escribió el periodista Lucas Carrasco por Twitter.
Digo mensajes, y no twits porque
justamente tienen un destinatario. Los destinatarios en este caso, pueden ser
tanto los mencionados allí como los 36.569 seguidores que tiene en la red
social.
Creo que la palabra que define lo
que siente Lucas en este momento es desilución, y creo que lo entiendo porque
me ha pasado en algún momento, es por ello que me tomo el atrevimiento de
definirlo de esa manera. Pero este sentimiento nunca viene sólo, lo potencian
la tristeza, la ira, la bronca, la impotencia.
Es probable que mucha gente lo
cuestione, que le diga que no era el medio adecuado para expresarse, que
hubiese correspondido plantear todo eso puertas para adentro. Lo cierto es que
quizás lo hizo como pudo, que lo único que quería era que lo escuchen de una
manera más real.
Ahora Lucas se plantea como un
opositor, asumo que ante esta gestión, pero seguirá siendo un militante porque
por más que no pueda capitalizarse de esta manera, la militancia también puede
hacerse desde otro lado. Periodista militante puede ser sin levantar la bandera
de un personalismo, o un movimiento; militante social y de sus ideales que más
que claro quedaron.
Para nada lo que ha sucedido hace de
este periodista un héroe, aunque sepalo que va a haber gente que intentará
posicionarlo como tal, para sacar provecho de esta situación. Es una persona
que resistió hasta que pudo, y que quizá más de una vez defendió algo con lo
que no estaba cien por ciento seguro, pero formaba parte del modelo que apoyaba, quizá también mañana
se arrepienta y vuelva a formar parte de ello, pero quizás no.
Por mi parte, considero que no hay
que juzgarlo, por lo menos quienes no participamos del espacio político al que
pertenece o al que pertenecía. Lo que nos resulta inevitable, como seres
humanos que somos, es opinar, sino estos renglones no hubiesen sido escritos.