lunes, 20 de mayo de 2013

Nota de Opinión sobre lo que comunicó Lucas Carrasco.


Como mucho de ustedes, me hice eco de los mensajes que escribió el periodista Lucas Carrasco por Twitter.

Digo mensajes, y no twits porque justamente tienen un destinatario. Los destinatarios en este caso, pueden ser tanto los mencionados allí como los 36.569 seguidores que tiene en la red social.

Creo que la palabra que define lo que siente Lucas en este momento es desilución, y creo que lo entiendo porque me ha pasado en algún momento, es por ello que me tomo el atrevimiento de definirlo de esa manera. Pero este sentimiento nunca viene sólo, lo potencian la tristeza, la ira, la bronca, la impotencia.

Es probable que mucha gente lo cuestione, que le diga que no era el medio adecuado para expresarse, que hubiese correspondido plantear todo eso puertas para adentro. Lo cierto es que quizás lo hizo como pudo, que lo único que quería era que lo escuchen de una manera más real.

Ahora Lucas se plantea como un opositor, asumo que ante esta gestión, pero seguirá siendo un militante porque por más que no pueda capitalizarse de esta manera, la militancia también puede hacerse desde otro lado. Periodista militante puede ser sin levantar la bandera de un personalismo, o un movimiento; militante social y de sus ideales que más que claro quedaron.

Para nada lo que ha sucedido hace de este periodista un héroe, aunque sepalo que va a haber gente que intentará posicionarlo como tal, para sacar provecho de esta situación. Es una persona que resistió hasta que pudo, y que quizá más de una vez defendió algo con lo que no estaba cien por ciento seguro, pero  formaba parte del modelo que apoyaba, quizá también mañana se arrepienta y vuelva a formar parte de ello, pero quizás no.

Por mi parte, considero que no hay que juzgarlo, por lo menos quienes no participamos del espacio político al que pertenece o al que pertenecía. Lo que nos resulta inevitable, como seres humanos que somos, es opinar, sino estos renglones no hubiesen sido escritos.

El Universo busca su equilibrio: Murió el dictador Jorge Rafael Videla.


El lunes próximo pasado, ya hace una semana, murió en su celda en Marcos Paz, uno de los artífices de la etapa más sangrienta de la historia Argentina. Videla fué Presidente de facto a partir del Golpe de Estado cívico militar, apoyado por la Iglesia Católica en el año 1976, hasta 1981.

Condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos durante el período antes mencionado; durante el gobierno de Raúl Alfonsín que recuperó la Democracia en 1983. Indultado en 1990 por el ahora Senador Nacional por la Provincia de La Rioja, entonces presidente Argentino, Carlos Menem.

Durante 1998 pasó sólo 38 días privado de su libertad por sustracción de menores, habiéndosele concedido después arresto domiciliario.

En 2008 volvió a prisión, hasta su condena perpetua del año 2012, en cárcel común por sustracción de bebés durante la época de la dictadura.

Generosidad la del Estado Argentino al permitirle a criminal de tal grado defenderse en un juicio justo, derecho que mientras él ejercía el poder no otorgó a quien no quería hacerlo.

Para quienes estuvimos expectantes a los juicios a los represores, resultó asombrosa la impunidad que ellos aún creían poseer. No resultó así. Lo valorable de la muerte de este personaje tan desagradable para nuestra historia, más allá de su muerte, es el estado procesal en que se encontraba, condenado por el poder judicial argentino, en cárcel común y sin ningún privilegio.

Quien ejerce el poder y lo hace sin ningún tipo de límites, sin respetar derecho alguno de los demás es porque realmente cree que ese poder es ilimitado, que lo va a poder detentar de esa manera siempre. El estado de derecho es el que marca dichos límites, y le otorga a los individuos que lo conforman, o sea todos nosotros, la facultad de exigir al mismo estado el respeto de nuestros derechos.

Hoy, no caben dudas que estamos en un Estado de Derecho dentro de un sistema democrático. Tampoco caben dudas que desde el mismo detentor del poder hay intentos de vulnerar los derechos de los particulares, a veces para preservar los derechos del estado y otras simplemente alegando ello, distando de la realidad. Lo cierto también es que en absoluto nos encontramos ante una dictadura. Considero que debemos tener respeto por nuestra historia y entender que una definición no se arma sólo de lo técnico conceptual que implica una palabra, sino también de lo social e histórico que esa palabra ha denotado.

Nuestro país ha resultado víctima de muchos procesos dictatoriales, que quizá no hubiesen llegado a ello sin la legitimidad otorgada por distintos sectores de la sociedad.

Hoy la sociedad dice NUNCA MÁS, nunca más a un Videla, nunca más a torturas, a genocidio, al robo de bebés, a la desparición forzada de personas. Pero también NUNCA MÁS  a que suceda lo mismo con Julio López o Luciano Arruga, que en realidad nadie nos da una respuesta de lo que sucedió con ellos. La Sociedad se debe responsabilidad y memoria y tiene que hacerse cargo de lo que ello implica.