El lunes próximo pasado, ya hace una
semana, murió en su celda en Marcos Paz, uno de los artífices de la etapa más
sangrienta de la historia Argentina. Videla fué Presidente de facto a partir del Golpe de
Estado cívico militar, apoyado por la Iglesia Católica en el año 1976, hasta
1981.
Condenado a prisión perpetua por
crímenes de lesa humanidad cometidos durante el período antes mencionado;
durante el gobierno de Raúl Alfonsín que recuperó la Democracia en 1983. Indultado en 1990 por el ahora Senador Nacional por la Provincia de La Rioja,
entonces presidente Argentino, Carlos Menem.
Durante 1998 pasó sólo 38 días
privado de su libertad por sustracción de menores, habiéndosele concedido
después arresto domiciliario.
En 2008 volvió a prisión, hasta su
condena perpetua del año 2012, en cárcel común por sustracción de bebés durante
la época de la dictadura.
Generosidad la del Estado Argentino
al permitirle a criminal de tal grado defenderse en un juicio justo, derecho
que mientras él ejercía el poder no otorgó a quien no quería hacerlo.
Para quienes estuvimos expectantes a
los juicios a los represores, resultó asombrosa la impunidad que ellos aún
creían poseer. No resultó así. Lo valorable de la muerte de este personaje tan
desagradable para nuestra historia, más allá de su muerte, es el estado
procesal en que se encontraba, condenado por el poder judicial argentino, en
cárcel común y sin ningún privilegio.
Quien ejerce el poder y lo hace sin
ningún tipo de límites, sin respetar derecho alguno de los demás es porque
realmente cree que ese poder es ilimitado, que lo va a poder detentar de esa
manera siempre. El estado de derecho es el que marca dichos límites, y le
otorga a los individuos que lo conforman, o sea todos nosotros, la facultad de
exigir al mismo estado el respeto de nuestros derechos.
Hoy, no caben dudas que estamos en
un Estado de Derecho dentro de un sistema democrático. Tampoco caben dudas que
desde el mismo detentor del poder hay intentos de vulnerar los derechos de los
particulares, a veces para preservar los derechos del estado y otras
simplemente alegando ello, distando de la realidad. Lo cierto también es que en
absoluto nos encontramos ante una dictadura. Considero que debemos tener
respeto por nuestra historia y entender que una definición no se arma sólo de
lo técnico conceptual que implica una palabra, sino también de lo social e
histórico que esa palabra ha denotado.
Nuestro país ha resultado víctima de
muchos procesos dictatoriales, que quizá no hubiesen llegado a ello sin la
legitimidad otorgada por distintos sectores de la sociedad.
Hoy la sociedad dice NUNCA MÁS,
nunca más a un Videla, nunca más a torturas, a genocidio, al robo de bebés, a
la desparición forzada de personas. Pero también NUNCA MÁS a que suceda lo mismo con Julio López o
Luciano Arruga, que en realidad nadie nos da una respuesta de lo que sucedió
con ellos. La Sociedad se debe responsabilidad y memoria y tiene que hacerse cargo
de lo que ello implica.
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