jueves, 27 de noviembre de 2014

Pasión Canalla.

¿Qué es lo que motiva a una persona a recorrer dos mil kilómetros en 48 horas? ¿A gastar el dinero que con tanto sacrificio ha ahorrado en tan sólo dos días? Estas preguntas pueden responderse con una única palabra; pasión. Esa pasión que siempre demostraron los hinchas de Rosario Central, que los empuja a seguir a su equipo a lo largo y a lo ancho del país. Ese sentimiento casi indescriptible que se comparte con los amigos, la familia, el club.
Anoche se disputó  el partido final de la Copa Argentina en el Estadio del Bicentenario de la ciudad de San Juan, entre Rosario Central y Huracán. La ciudad recibió de brazos abiertos a 23.000 personas; tres mil en representación de Huracán y veinte mil enarbolando banderas del Canalla.
Salieron desde Rosario cuatro charters, quince aviones de tripulación reducida, ochenta y dos colectivos, más de setenta traffics y autos particulares.
En Rosario se vendieron 16.000 entradas. La banda de Arroyito estaba más que predispuesta, una vez más, a dejar todo por su equipo.
El Martes, la Secretaría de Turismo de San Juan anunció que no había más disponibilidad de plazas. Sin embargo, esto no frenó a los fanáticos, quienes finalmente se hospedaron en casas de familia, seguramente contagiando su alegría a más de un sanjuanino.
Cuando llegó la hora del partido penetraban la pantalla la tensión y la expectativa. El resultado de los noventa minutos no conformó a ninguno de los equipos. Luego asomó  la tan temida definición por penales y el final menos esperado para Rosario Central. Los cantos se apagaron un instante pero inmediatamente volvieron a encenderse, porque de eso se trata la pasión que mencionaba al principio. El amor, el folclore, está en ir, acompañar. Cuando el resultado es bueno el festejo continúa incesantemente. Cuando no es el que se imaginaba simplemente se aguarda la próxima oportunidad para volver a estar, inclusive si implica esperar 16 años más.


*Datos proporcionados por G.P. Dedicados a todxs lxs hinchas de Central con mucho cariño. Igual sigo siendo de River.

viernes, 18 de abril de 2014

Enzo.



Todavía me acuerdo del primer día que te vi, cuando Hugo nos dio esa sorpresa. La más linda de todas y la que menos esperabamos por su estigma de renegado.
Tan lindo, tan chiquito. No te quería soltar nunca, no te quise soltar nunca.
Fuiste nuestra alegría durante años, nos uniste, nos diste cariño, nos hiciste enojar pero sobre todo nos hiciste reir mucho.
No pensé que este día iba a llegar nunca, yo te veía más viejito, más débil pero la verdad que una no espera que se cumplan las reglas de las fragilidades del cuerpo.
Tierno, tranquilo, con esos ojos que te daban esa mirada que siempre voy a recordar, esa mirada que te decía; “yo te conozco, y te escucho. No entiendo lo que decis, pero te quiero”.
Hoy me siento rara y triste, eso fue lo que le dije a mis amigas, porque así estoy. No tengo ganas de hacer muchas cosas, quizás para más de un@ esto suene hasta ridículo porque no es que me encariño tanto con los animales, pero vos no eras solamente mi perro, vos eras mi compañía; vos eras ese nombre que me sacaba una sonrisa cada vez que me acordaba de tu caminata chistosa; imposible no sonreír.
No te voy a poder abrazar más, no te pude abrazar una última vez. Cual irracionalidad que a veces me resulta inevitable quise traerte a vivir conmigo, supongo que de alguna manera todos asumíamos que esto iba a pasar tarde o temprano. Solamente quería tenerte conmigo, cuidarte, abrazarte. Pero cómo ibas a estar lejos de Marisa, sabemos que no podrías estar un segundo lejos de ella, como te cuidó todo este tiempo. Como nos cuida a todos.
Te acordás aquélla vez que te perdiste? Fue una de las veces que recuerdo haber llorado hasta que me quedé dormida, y la alegría inmensa de haberte encontrado. Y así tengo miles de recuerdos, que hoy de dan lágrimas, pero que me dieron muchas sonrisas. Y sé que me las segurán dando. Cuando me rompiste los gorros que había hecho para mi cumple de quince, cuando intentábamos bañarte; una verdadera misión imposible, cuando te llevaba caminando hasta la plaza San Martín y volvías agotado. Te voy a extrañar Enzo, siempre me voy a acordar de vos. Gracias por tanto.